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domingo, 8 de septiembre de 2013

Cómo prosperar en el trabajo

Quizás el titulo no suene muy bíblico, ya que esta palabra ha sido muy mal utilizada en predicaciones por un grupo de Cristianos llamados de la Prosperidad y que nada de aquello esta sujeto a la Palabra de Dios y no predican nada mas que eso y dejan de lado todo el consejo de la palabra. Pero la verdad que este estudio esta centrado en la palabra de Dios, así que les invito a que puedan escucharlo con la biblia en la mano y puedan discernir estos consejos que todo Cristiano debiera saber y entender.
Esta Serie consta de ocho enseñanzas del pastor Chuy Olivares sobre la responsabilidad de trabajar para proveer a nuestra familia, con temas como Fidelidad o corrupción, Cómo prosperar en un negocio cristiano, Siendo luz en tu trabajo, El trabajador próspero y Qué dice la Biblia sobre las deudas.

Puedes descargar el mp3 y escucharlo en tu reproductor o directamente escucharlo del enlace que esta mas abajo.  

sábado, 31 de agosto de 2013

Tiempos Peligrosos...



TIEMPOS PELIGROSOS…

A donde me congrego…?


El apóstol Pablo, en su segunda carta a Timoteo, en su capítulo 3, nos hace una clara advertencia de que en los postreros días, antes de la venida de Jesús, vendrían sobre la iglesia y sobre el mundo entero, "Tiempos Peligrosos" en donde el amor de muchos se enfriaría, a causa de la falta de consagración al Señor, y donde hombres soberbios, blasfemos, vanagloriosos, con apariencia de piedad, y amadores de sí mismos se levantarían engañando aun si fuera posible, a los propios escogidos de Dios, haciéndose pasar por maestros de la palabra, y guiando al pueblo a la idolatría, a falsas doctrinas, y a la apostasía final.

Estos tiempos que Pablo profetizo, a pesar de que hoy muchos lo niegan, diciendo vivir tiempos de avivamiento, no solo han llegado a la iglesia, sino que además se han instalado muy cómodamente dentro de los diferentes ministerios y denominaciones, disfrazándose de “Tiempos apostólicos“ “Tiempos proféticos” o “Tiempos de unción y avivamiento”

En toda la historia de la iglesia, a pesar de que Pablo, Pedro y Judas, en sus cartas apostólicas, nos dejan entrever que ya en aquella época existían falsos apóstoles que confundían al pueblo, jamás había existido tal cantidad de falsas doctrinas y de falsos ministros como los que se ven hoy en día, como así mismo, jamás ha habido tanto rechazo por la sana doctrina del evangelio como en estos últimos años.

Esto es algo my sencilla de comprobar, ya que solo se necesita visitar unas pocas iglesias para poder corroborarlo. Cada iglesia parece tener su propia doctrina, y cada congregante, parece tener su revelación personal de como adorar al Señor.

Las manifestaciones tales como el polvo de oro, los evangelios de la prosperidad, decretos, y declaraciones positivas, y la aparición de falsos apóstoles vendedores de coberturas, han acaparado tanto la atención de los creyentes, que ya muchos han apartado de la verdad el oído, y se han vuelto prontamente tras doctrinas engañosas, y evangelios de solo promesas divinas, y totalmente carentes de santidad.


En estos tiempos, la misión de buscar una iglesia en la cual poder congregarse, se ha vuelto una verdadera “Misión imposible” debido a que la gran mayoría de los ministerios han adoptado para sí, alguna de estas tantas doctrinas erróneas, que aunque pueden sonar agradables al oído, su fin es camino de muerte. El problema hoy en día no es que no haya iglesias donde poder congregarse, sino que el problema de estos tiempos, es lo que se enseña desde los pulpitos. Por miedo a la perdida de miembros, y por ende, a la perdida de diezmos y ofrendas, o por la errada motivación de tener una mega-iglesia, muchos ministros hoy en día han hecho a un lado la sana y verdadera doctrina del evangelio, para dedicarse a la organización de eventos, invitando cada semana a algún cantante o apóstol de moda, buscando atraer a las multitudes, sin importar para nada, que el mensaje que se esté dando sea de idolatría, prosperidad, exitismo, o “derechos como hijos de Dios” en lugar del mensaje de la cruz, el cual confronta al cristiano con sus pecados y lo lleva al verdadero y genuino arrepentimiento ante el Señor. Algunos hasta organizan discotecas dentro de las iglesias, llamándolas “Cristotecas.

Abra bien sus ojos y sentidos espirituales. Observe detenidamente a la luz de la palabra, si lo que le están enseñando en el lugar donde se congrega es realmente la sana doctrina enseñada por Cristo y sus apóstoles (no por los apóstoles modernos) Y si nota que lo que le están enseñando son “otras doctrinas” que no tienen base o sustento bíblico, hable con el pastor de ese lugar, exponga este asunto, y si este, en lugar de reconocer y arrepentirse por dicho motivo, solo se excusa y lo niega… Huya rápidamente de ese lugar en busca de pastos frescos y verdes, en donde usted pueda ser alimentado con la verdadera palabra de Dios.


No se deje engañar. Pase cada palabra que le han dicho por el crisol de la palabra de Dios, sin importar quien las haya dicho, y busque la guía del Espíritu Santo, para no caer en engaños o errores que podrían significar para usted, la muerte eterna.

 

viernes, 30 de agosto de 2013

¿Fe que Salva o Fe de Demonios?

¿Fe que salva o Fe de Demonios?


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Por: John MacArthur

¿Cuáles cosas comprueban o no comprueban la autenticidad de una fe salvadora?

re2010-johnLas Iglesias de hoy están llenas de personas que tienen una fe que no salva. Santiago se refirió a esto como una “fe muerta” – que significa una profesión vacía (Santiago 2:17, 20, 26). Pablo instó a la iglesia de Corinto que se examinaran para verificar si verdaderamente estaban en la fe (2 Corintios 13:5). Así como fue importante en el día de Pablo, es importante que las personas en nuestras iglesias examinen su fe hoy y verificar si no han sido engañados.
¿Pero en donde empezamos? ¿Con qué criterio determinaremos la verdad contra la fe vacía? ¿Cuáles son las marcas distinguidas de una fe genuina y salvadora? Sorprendentemente, hay varios estándares o pruebas que no comprueban la autenticidad de la fe de uno modo o del otro. Entonces antes de ver las pruebas que comprueban la fe genuina, veamos algunos de los exámenes populares que ni comprueban ni desaprueban la autenticidad de la fe de alguien.
Aquí hay una lista de siete condiciones que no comprueban ni desaprueban la autenticidad de una fe salvadora. Uno puede ser un cristiano y tener estas cosas o uno puede no ser cristiano y todavía tenerlas. Mientras no desaprueban o comprueban la fe de uno, es importante conocerlos y entenderlos para que no sea engañado.
Siete condiciones que no comprueban ni desaprueban una genuina fe salvadora:
1. Moralidad Visible
Hay algunas personas que parecen ser buena gente. Pueden ser religiosos, morales, honestos, y fieles en sus tratos con otros. Pueden parecer ser agradecidos, amorosos, cariñosos y compasivos hacia otras personas. Tienen virtudes visibles y moralidad externa. Los fariseos en los días de Jesús descansaban en su moralidad visible como su confianza y aun algunas de las palabras más duras de Cristo fueron dirigidas a ellos por esta misma razón.
Muchos que poseen moralidad visible conocen nada del amor sincero de Dios. Las buenas obras que parecen poseer, no conocen nada de servir el verdadero Dios y el vivir para su gloria. Cualquier cosa que una persona hace o no hace no involucra a Dios. Son honestos en sus tratos con otros pero no con Dios. No roban a otros – pero a Dios sí. Son agradecidos y leales con todos – menos con Dios. No hablan de otros con desdén ni reproche – pero sí de Dios. Tienen buenas relaciones con todos – pero no con Dios. Son como el joven rico quien dijo, “Todo esto lo he guardado desde mi juventud”. El enfoque de ellos es en su moralidad visible, pero esa moralidad visible no necesariamente significa salvación. Jesús le dijo a uno de los fariseos que tiene que ser nacido de nuevo (Juan 3:6), no ponerse una externa moralidad. La gente puede cambiar su vida por la reformación pero no por la regeneración – entonces la reformación no es marca de una fe salvadora.
2. Participación religiosa
Participación religiosa no es
necesariamente una prueba de una fe verdadera. De acuerdo con Pablo hay gente que posee una forma de piedad externa pero que han negado su poder. Tienen una forma de religión vacía. Jesús ilustra esto cuando contó la historia de las vírgenes en Mateo 25. Ellas esperaron y esperaron y esperaron la llegada del novio, quien es Cristo. Y aunque esperaron todo ese tiempo, no pudieron entrar cuando él vino. Tenían todo bien menos aceite para sus lámparas. No tenían lo más necesario. El aceite es probablemente emblemático de una nueva vida; la morada del Espíritu Santo. No eran regeneradas. Tenían participación religiosa pero no eran regeneradas. Una persona puede ser visiblemente moral, conocer la verdad, estar involucrado religiosamente, y aun no poseer una genuina fe salvadora.
3. Conocimiento intelectual
Otra condición que puede ser engañosa es el conocimiento intelectual. La gente puede poseer un conocimiento y entendimiento intelectual de la verdad y aun no ser salvo. Mientras que un entendimiento de la verdad es necesario para la salvación, y una moralidad visible es un fruto de la salvación, ninguna de estas condiciones solas se traduce en una verdadera fe salvadora. La gente puede saber todo sobre Dios, todo sobre Jesús, quien Él fue, que Él vino a este mundo, que Él murió en la cruz, que Él fue levantado de los muertos, que Él regresara otra vez, y hasta más detalles sobre la vida de Cristo – y todavía voltear su espalda contra Él.
Esto es lo que el escritor de Hebreos les advertía en Hebreos 6:4-6. Había mucha gente en la iglesia que conocía todo sobre Dios y entendían las verdades del evangelio. Hasta habían tenido una experiencia con la verdad del evangelio. Ellos habían visto el ministerio del Espíritu Santo en la vida de otros – y aun conociendo todo esto, enfrentaban el gran peligro de voltear contra Cristo, rechazándolo.
En Hebreos 10 el autor le advertía a esta clase de persona que él estaba pisando la sangre de Cristo por no creer en lo que él conoce ser verdad. ¡Hay mucha gente que conoce las Escrituras pero están en camino al infierno! Un hombre no puede ser salvo sin el conocimiento de la verdad, pero poseer ese entendimiento solamente no salva.
4. Ministerio activo
Es posible tener un ministerio activo y publico, y aun no tener una genuina fe salvadora. Balam era un profeta que al final fue falso (Deuteronomio 23:3-6). Saulo de Tarso (luego conocido como el apóstol Pablo) pensó que estaba sirviendo a Dios matando a cristianos. Judas fue un predicador publico y uno de los doce discípulos de Cristo – pero fue apostata. En Mateo 7:22-23 Jesús dijo, “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; Apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad’”. Aquellos de quien Jesús hablaba estuvieron involucrados activamente y públicamente en el ministerio – pero Jesús dijo que nunca los conoció.
5. Convicción de pecado
Hasta la convicción de pecado no es prueba de la salvación. Nuestro mundo esta lleno de personas que se sienten culpables. Muchos hasta se sienten mal por su pecado. Félix tembló por la convicción que sentía cuando el apóstol Pablo predico en su presencia, pero nunca dejo sus ídolos ni se arrepintió (Hechos 24:24-26). El Espíritu Santo trabaja para convencer a los hombres de sus pecados e injusticia, pero muchos no responden con arrepentimiento verdadero. Muchos pueden confesar sus pecados y hasta abandonar los pecados de los cuales se sienten culpables. Ellos dicen, “No me gusta vivir de esta manera. Quiero cambiar.” Ellos arreglan sus caminos pero aun siguen cortos de la genuina fe salvadora. Esa es reformación externa, no regeneración interno. Ningún grado de convicción de pecado es evidencia conclusiva de una fe salvadora. Hasta los demonios son convencidos de sus pecados – por eso tiemblan – pero no son salvos.
6. El sentirse seguro
Sentir que eres salvo no es garantía que sí lo eres. Alguien puede decir, “Pues, yo soy cristiano porque me siento como cristiano. Creo que sí soy”. Pero eso es un razonamiento defectuoso. Si pensar que uno es cristiano es lo que le hace cristiano, entonces nadie puede ser engañado. Y entonces, por definición, no sería posible ser un cristiano engañado, y eso no estaría de acuerdo con el punto de la decepción de Satanás. Él quiere que la gente que no es salva crea que es salva. Satanás ha engañado a millones y millones de personas religiosas en pensar que verdaderamente son salvas aunque no lo son. Ellos pueden decirse a ellos mismos, “Dios no me condenara. Yo me siento bien de mí mismo. Yo tengo seguridad. Estoy bien”. Pero no necesariamente quiere decir eso.
7. Un tiempo de decisión
Muy seguido las personas dicen cosas como estas: “Yo se que soy cristiano porque me acuerdo cuando firme la cartita”, o “Yo me acuerdo cuando hice la oración”, o “Yo me acuerdo cuando caminé por el pasillo” o “pase al frente en mi iglesia”. Una persona se puede acordar exactamente cuando sucedió y en donde estaban cuando “eso” paso, pero no necesariamente quiere decir algo. Nuestra salvación no es verificada por un momento ya pasado. Mucha gente ha repetido oraciones, pasado al frente en servicios de la iglesia, firmado cartitas, entrado en los cuartos de oración, han sido bautizados, y hasta son parte de una iglesia sin nunca haber experimentado la verdadera fe.
Estas son siete condiciones o pruebas que no necesariamente comprueban o desaprueban la existencia de una fe salvadora. ¿Entonces cuales son las marcas de una fe genuina? ¿Habrá exámenes fiables en la Palabra de Dios que nos permiten conocer verdaderamente si nuestra fe es real? Afortunadamente, hay como mínimo nueve criterios bíblicos para examinar la autenticidad de una fe salvadora.
Nueve condiciones que comprueban una fe salvadora genuina:
1. Amor por Dios
Primeramente un amor profundo y duradero por Dios es una de las supremas evidencias de una fe salvadora genuina. Esto llega hacia al corazón del problema. Romanos 8:7 dice: “ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo.” Entonces, si el corazón del hombre está en enemistad con Dios, no hay basis para asumir que es un corazón salvo. Aquellos que verdaderamente son salvos aman a Dios, pero aquellos quienes no son verdaderamente salvos, odian a Dios y su soberanía. Internamente están en rebelión contra Dios y Su plan para sus vidas. Pero la persona regenerada está enfocada en amar al Señor con todo su corazón, alma, mente y fuerzas. Encuentra su delicia en las excelencias infinitas de Dios. Dios es el primer y más alto amor en su alma renovada. Dios se convierte en su más alta felicidad y la fuente de su satisfacción. Él busca de Dios y está sediento por el Dios viviente.
Por cierto, debemos tener cuidado de poder distinguir la diferencia entre un amor por Dios que busca Su gloria del amor egoísta que solo ve a Dios como su primordial fuente de ganancia y llenura personal. Una verdadera fe salvadora no cree en Cristo para que Cristo lo haga feliz. El corazón que verdaderamente ama a Dios desea agradar a Dios y glorificarle. Jesús enseño que si alguna persona amaba a su padre o madre más que a Cristo, no eran dignos de Él. En Mateo 10:37-39 Jesús dice: “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará.”
Entonces la pregunta es: ¿Amas a Dios? ¿Amas su naturaleza? ¿Amas su gloria? ¿Amas Su nombre? ¿Amas Su reino? ¿Amas Su santidad? ¿Amas Su voluntad? ¿Se levanta tu corazón cuando cantas de Sus alabanzas porque lo amas? Un amor supremo por Dios es evidencia de una fe verdadera.
2. Arrepentimiento de pecado
Un amor por Dios apropiado necesariamente involucra un odio por el pecado que lo lleva al arrepentimiento. Esto debe ser obvio. ¿Quién no entendería eso? Si verdaderamente amamos a alguien, buscamos sus mejores intereses. Su bienestar es nuestra mayor preocupación. Si un hombre le dice a su esposa, “Te amo pero no tengo el menor interés en lo que te vaya a suceder”, con mucha razón podríamos cuestionar su amor por ella. El amor verdadero busca el mejor bien de su objeto. Si decimos que amamos a Dios, entonces odiaremos todo lo que le ofende a Él. El pecado blasfema a Dios. El pecado maldice a Dios. El pecado busca a destruir el trabajo de Dios y su reino. Entonces cuando alguien dice, “Te amo, pero tolero el pecado”, entonces hay razón de cuestionar la autenticidad de su amor por Dios. Uno no puede amar a Dios sin odiar lo que quiere destruirlo. Amor verdadero por Dios se manifestará en la confesión de pecados y el arrepentimiento. El hombre que ama a Dios se entristece al ver su pecado y quera confesarlo a Dios y abandonarlo.
En examinar nuestra fe debemos preguntar: “¿Tengo una firme convicción hacia la maldición de todo pecado? ¿Aparece el pecado a mí como malo y amargo así como verdaderamente lo es? ¿Crece mi convicción de pecado así como crezco en mi relación con Cristo? ¿Odio el pecado primordialmente porque arruina mi propia alma o porque es una ofensa al Dios quien amo? ¿Me entristece el pecado en sí o me entristecen las consecuencias de mi pecado? ¿Me entristece más mi desdicha o mi pecado? ¿Mis pecados parecen ser muchos, frecuentes e irritantes? ¿Me encuentro entristecido por mi pecado o por el pecado de otros?” Una genuina fe salvadora ama a Dios y odia el pecado que Él odia. Esa actitud resulta en arrepentimiento verdadero.
3. Humildad genuina
Fe salvadora se manifiesta en humildad genuina. Jesús dijo bienaventurados los pobres en espíritu, y los que lloran [por su pecado], y los humildes, y los que tienen hambre y sed de justicia (Mateo 5:3-6) – todas son marcas de humildad. En Mateo 18 Jesús dice que “si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Una verdadera fe salvadora viene como un niño – humilde y dependiente. No es un hombre egoísta que es salvo, pero un hombre que se niega a sí mismo, toma su cruz diario y sigue a Cristo (Mateo 16:24).
En el Antiguo Testamento vemos que el Señor recibe a aquellos que vienen con un espíritu quebrantado y contrito (Salmo 34:18; 51:17; Isaías 57:15; 66:2). Santiago escribió: “Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Debemos venir como el hijo prodigo, quebrantado y humilde. Acuerde lo que le dijo a su padre: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo” (Lucas 15:21). Aquellos que poseen una fe salvadora genuina no vienen jactándose ante Dios con sus logros religiosos o espirituales en mano. Vienen con manos vacías en humildad genuina.
4. Devoción a la Gloria de Dios
Una verdadera fe salvadora se manifiesta en una devoción a la gloria de Dios. Cualquier cosa que hagan los creyentes, sea comer o beber, su deseo es que Dios sea glorificado. Cristianos hacen lo que hacen porque quieren traer gloria a Dios.
Sin duda cristianos fallan en cada una de estas áreas, pero la dirección de la vida de un cristiano es amar a Dios, odiar el pecado, vivir en humildad y negarse a sí mismos, reconociendo su indignidad y siendo devotos a la gloria de Dios. No es la perfección de la vida de uno pero la dirección de su vida que provee evidencia de regeneración.
5. Oración constante
Oración humilde, sumisa y con fe es una marca de una fe verdadera. Clamamos “Abba, Padre” porque el Espíritu nos insta a clamar. Jonathan Edwards una vez predicó un sermón titulado, “Hipócritas son deficientes en el deber de la oración secreta”. Es verdad. Hipócritas pueden orar públicamente, porque eso es lo que hipócritas quieren hacer. Su deseo es impresionar a la gente- pero son deficientes en el deber de la oración secreta. Verdaderos creyentes tienen una vida de oración personal y privada con Dios. Ellos regularmente buscan comunión con Dios por medio de la oración.
6. Amor desinteresado
Una característica de una genuina fe salvadora es el amor desinteresado. Santiago escribió, “Si en verdad cumplís la ley real conforme a la Escritura: Amaras a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis” (Santiago 2:8). Juan escribió, “Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él” (1 Juan 3:17)?
Si usted ama a Dios usted no solo odiara lo que le ofende a Él, pero también amará a los que Él ama. “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte” (1 Juan 3:14). ¿Por qué es que amamos a Dios y a otros? Porque esta es la respuesta de un creyente al amor que Él tiene para con nosotros. “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Jesús dijo que conoceremos a Sus discípulos por el amor que tenemos el uno al el otro (Juan 13:35).
7. Apartados del mundo
Positivamente, creyentes son marcados por el amor por Dios y por otros. Negativamente, el cristiano es caracterizado por la ausencia de amor para el mundo. Verdaderos creyentes no son los que son gobernados por un amor hacia el mundo, pero por su amor y devoción para con Dios y su reino.
En 1 Corintios 2:12 Pablo escribió que “hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente”. En 1 Juan 2:15 dice: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Una verdadera fe salvadora lo separa a uno de las cosas del mundo – no perfectamente, porque todos fallamos en estas áreas, pero la dirección en que la vida del creyente va es hacia arriba. Él siente la jalada del cielo en su alma. Cristianos son aquellos quienes Dios a liberado del poder de la oscuridad y a transmitido al reino de Su Hijo. El creyente es marcado por la ausencia de amor o la esclavitud del control satánico sobre el sistema del mundo (Efesios 2:1-3; Colosenses 1:13; Santiago 4:4).
8. Crecimiento espiritual
Verdaderos cristianos crecen. Cuando Dios empieza un verdadero trabajo de salvación en una persona, Él la termina y perfecciona. Pablo expresa esta garantía cuando escribió en Filipenses 1:6, “Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús”.
Si usted es un verdadero cristiano, usted estará creciendo – eso quiere decir que usted será más y más como Cristo. La vida se produce a sí misma. Si usted esta vivo usted va a crecer, no hay otro modo. Usted va a mejorar. El Espíritu le llevará hacia la gloria de un nivel a otra. Entonces examínese. ¿Ve crecimiento espiritual en su vida? ¿Ve la frecuencia del pecado decayendo? ¿Hay un aumento en su patrón de justicia y devoción a Dios?
9. Obediencia
Una vida obediente no es una opción para la vida de una creyente. Todos los creyentes verdaderos son llamados a una vida de obediencia. Jesús enseñó que cada rama que permanece en Él da fruto (Juan 15:1-8). Pablo escribió que los creyentes “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10). Eso se refiere de la obediencia. Nosotros somos salvos a la obediencia de fe (vea 1 Pedro 1:2).
¿Cómo podemos saber si nuestra fe es genuina? Examine su vida en la luz de la Palabra de Dios. ¿Ve estas características en su vida? ¿Tiene un amor por Dios, odio hacia el pecado, humildad, devoción a la gloria de Dios, un patrón de oración personal y privado, amor desinteresado, separación del mundo, la evidencia de crecimiento espiritual y obediencia? Todas estas son evidencia de una verdadera fe que salva.

(Articulo tomado de la Pagina Lumbrera)
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domingo, 7 de febrero de 2010

Seguros en Cristo por el Pastor Chuy Olivares

Queridos Hermanos en Cristo.
Aca les comparto un estudio Biblico dado por un Pastor Llamado Chuy Olivares, el cual nos enseña por medio de esta Serie de 18 temas llamado "Seguros en Cristo"que traen luz sobre la salvación y el nuevo nacimiento. ¿Quién es realmente un hijo de Dios? ¿Qué significa realmente nacer de nuevo? ¿Se pierde la salvación? El pastor Chuy Olivares responde a estos y otros temas, invariablemente con base en la Biblia en una serie que esclarece nuestra condición ante Dios.


01- Salvos por gracia, no por obras

02- Qué significa nacer de nuevo

03- Limpiados y lavados por Cristo

04- La nueva naturaleza

05- Viviendo en la nueva naturaleza

06- Libres de la esclavitud de la carne

07- Corona de espinas para la carne

08- Edificando en la carne o en el Espíritu

09- Las recompensas del cristiano

10- Cómo ganar las recompensas

11- La seguridad de la salvación

12- Textos controvertidos sobre la salvación

13- Ocupaos de vuestra salvación

14- ¿Y la blasfemia contra el Espíritu Santo?

15- ¿Gracia o libertinaje?

16- ¿Libertad o libertinaje?

17- ¿Seguiremos en el pecado?

18- Distinguiendo lo bueno de lo malo


PD:Luego subo los enlaces..
Bendiciones

viernes, 5 de febrero de 2010

¿SE PUEDE PERDER LA SALVACIÓN?

Estudio bíblico sobre si la salvación se puede perder, o no.

Índice del Tema

  • 1. El posicionamiento de Dios, y el posicionamiento humano

A. El posicionamiento de Dios

      • Más verdades en cuanto al llamamiento a salvación
      • ¿El que se dice nacido de nuevo puede pecar de forma fría y voluntaria?

B. El posicionamiento del hombre

El hombre sólo ve y entiende hasta un límite

  • 2. El salvo es el que verdaderamente ha nacido de nuevo
        1. Veamos algunos casos

  • 3. Las pruebas de Dios son para revelar la realidad en la que vive el cristiano profesante

  • 4. Conclusión



“Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación” (Salmo 13: 5)

Una de las grandes controversias de todos los tiempos en el seno eclesial, ha sido y es acerca de la salvación, en cuanto a si se puede llegar a perder o no.

Ríos de tinta – y hasta sangre - han corrido, e innumerables discusiones y exposiciones teológicas y pseudo teológicas se han hecho y seguramente se seguirán haciendo.

A lo largo de la historia, calvinistas (1) contra arminianos (2) y viceversa, y actualmente, muchos creyentes que no sabrían como definirse por título teológico al respecto, pero que tienen un pensamiento más o menos definido acerca de esta controversial cuestión; mientras que otros muchos, no.

Unos dicen: “Una vez salvo, siempre salvo”. Otros dicen: “La salvación se puede llegar a perder”… ¿Quién tiene razón?

Este estudio pretende, con reflexión y con el apoyo de la infalible Palabra de Dios, aportar luz sobre este asunto. Así que, sin más preámbulos; empecemos.

¿SE PUEDE PERDER LA SALVACIÓN?

1. El posicionamiento de Dios, y el posicionamiento humano

Acerca de si la salvación se puede llegar a perder o no, hay que partir de dos posicionamientos muy diferenciados el uno del otro. El primero es el posicionamiento de Dios. El segundo es el del hombre.

Seguidamente pasaré a elaborar ambos posicionamientos.

A. El posicionamiento de Dios

“Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda (Salmo 139: 3, 4)

Empezaré haciendo una pregunta muy simple. ¿Sabe Dios quien es salvo? Parece una pregunta fácil de responder, y de hecho así es, pero en su respuesta radica toda la cuestión del asunto que ocupa este ensayo.

Podríamos emitir esa respuesta en dos partes y su conclusión:

1) Dios lo sabe todo.

2) Dios lo sabe todo desde siempre (Él es eterno), por lo tanto,

3) Dios sabe quien es salvo.

Partiendo de aquí, la salvación no se puede perder porque el que es salvo conforme a Dios, es porque lo es por siempre y desde siempre (hablo en términos de eternidad), y Dios lo sabe desde siempre. Veamos algunas escrituras que nos hablan de ello.

“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1: 5)

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1: 11)

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8: 29, 30)

Esa predestinación, no sólo implica la explícita voluntad de Dios de salvar al individuo en concreto, sino que también significa el conocimiento anticipado o presciencia de Dios. Diciéndolo en términos naturales, Dios siempre ha sabido quien es salvo.

Dicho en términos más comunes, a Dios nada le coge ni le puede coger por sorpresa. Esa es una de las diferencias entre el Creador y la criatura.

“El que es verdaderamente salvo, lo es, lo ha sido y lo será, conforme a la perspectiva divina; desde la eternidad”

“El que es verdaderamente salvo, lo es, lo ha sido y lo será, conforme a la perspectiva divina; desde la eternidad”

Más verdades en cuanto al llamamiento a salvación

Veamos más escrituras. Dios escogió a los que serían salvos desde el principio:

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2: 13)

El principio aludido en esa escritura, siempre hay que entenderlo como conforme a Dios, es decir, en términos de eternidad, y no de transitoriedad.

Seguimos. La salvación es cosa exclusiva del Padre:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6: 44)

Fuimos salvos según Su propósito (Su voluntad), antes de la creación del tiempo, es decir de la existencia que nos rodea, como la vemos y entendemos:

“[Dios] quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (2 Timoteo 1: 9)

Por lo tanto, hasta aquí podemos señalar y también asegurar, que Dios sabe quienes son Sus salvados. Fíjense en la siguiente declaración escritural, la cual no deja margen de duda alguna:

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2: 5, 6)

Aquí vemos con claridad meridiana que para Dios, los salvos ya estamos resucitados y estamos sentados (lo cual implica actitud de descanso o reposo) en el cielo con el Señor Jesús. En otras palabras, Dios no sólo sabe, sino ve a los salvos, gozándose con ellos. Esto es así porque en la eternidad no existe el tiempo, sino que toda la realidad natural de todos los tiempos, pasado, presente y futuro, está cabalmente cumplida ante Él, y esto antes de que Dios creara las cosas visibles, de las que no se ven (He. 11: 3).

Por eso la Escritura también nos asegura que Dios sabe quienes son los suyos:

“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos…” (2 Timoteo 2: 19)

Por lo tanto esa salvación conforme Dios siempre la ha visto, no se puede perder.

Insisto, conforme a Dios, la salvación no se puede perder.

“La salvación es el más precioso regalo de Dios al hombre, y sólo se recibe por la fe, la cual también la da Dios"

“La salvación es el más precioso regalo de Dios al hombre, y sólo se recibe por la fe, la cual también la da Dios. Dios desea que todos sean salvos (1 Ti. 2: 4), aunque Dios salva a aquellos que quiere salvar (Ef. 2: 8)”

¿El que se dice nacido de nuevo puede pecar de forma fría y voluntaria?

“…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil. 2: 12)

Digo: ¿El saber que Dios sabe que soy salvo, me ha de hacer relajar hasta el punto de apartarme por el engaño del pecado (He. 3: 13)? Si así fuera, me estaría engañando a mí mismo creyendo que soy salvo.

Jesús dijo que los íbamos a conocer por el fruto (Mt. 7: 16). El fruto determina o muestra la realidad al respecto.

La Biblia dice que, el que es verdaderamente salvo, no puede pecar voluntariamente, es decir, a propósito y con alevosía:

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios(1 Juan 3: 8, 9)

Es más, la Biblia dice que al que peca voluntariamente, “después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10: 26, 27)

El que yendo a la iglesia con regularidad, llamándose a sí mismo cristiano, y habiendo recibido la luz de la verdad del Evangelio en su corazón – con todo ello - peca a conciencia y de forma habitual, en realidad es un apóstata. A Dios no se le puede burlar (Gl. 6: 7)

Como dice MacArthur, “Judas Iscariote es un buen ejemplo de un discípulo a quien no le faltaba conocimiento pero que carecía de fe verdadera, y llegó a convertirse en el peor apóstata”

Leemos en Hebreos 3: 14; “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio”

De ahí deducimos que los únicos que realmente han sido hechos participantes de Cristo conforme Dios lo entiende, son los que retienen firme hasta el fin la confianza del principio. Veremos más de esto en otro punto.

B. El posicionamiento del hombre

“Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, o el hijo de hombre, para que lo estimes?” (Salmo 144: 3)

Empezaré este punto haciendo otra pregunta muy simple: ¿Sabe el hombre quien es salvo? Pues a excepción del individuo en relación a sí mismo, obviamente, no.

La enorme diferencia entre la criatura (el hombre) y el Creador (Dios), es la limitación del primero, y la infinidad del Segundo.

Hay ministros que desde el púlpito se dirigen a todos sus oyentes asegurándoles que son salvos. Eso es necedad y engaño. No podemos presuponer que los participantes en la asamblea cristiana son todos de Cristo (cp. 2 Jn.10, 11)

"Dice la Biblia que el corazón del hombre es engañoso"

“Dice la Biblia que el corazón del hombre es engañoso (Jer. 17: 9). No solamente a causa de la caída, sino que también podría serlo a causa de la propia limitación como criatura”

El hombre sólo ve y entiende hasta un límite

El hombre - incluso el más espiritual y rendido a Cristo de los hombres – puede llegar a estar convencido de algo, puede estar creyendo entender algo, puede estar seguro de algo, resultando estar equivocado; porque excluyendo la misma Palabra de Dios, todo lo demás está expuesto al error y al engaño. Esta es la realidad en lo natural que nos está tocando vivir en esta dispensación actual.

¿Podríamos extrapolar este mismo concepto al asunto de la salvación, en cuanto al hombre y su precariedad? Por supuesto que sí.

Diríamos que así como Dios conoce a los que son Suyos, el verdadero creyente (por tanto, salvo) no conoce necesariamente a los que dicen ser salvos, si lo son o no.

Me explico. Tantos de nosotros, los cristianos ya de años, hemos experimentado tantas sorpresas, alguna de ellas desagradable, como la de ver a queridos hermanos en la fe, que un buen día se apartan – ya no de la iglesia o de los hermanos – sino de Dios mismo, llegando claramente a apostatar de la fe, por negarla no sólo con sus palabras, sino con sus hechos de práctica pecaminosa y voluntaria.

Llegados a ese punto, desde el posicionamiento del hombre, diríamos con toda naturalidad que tal hermano, ha perdido la salvación; concluyendo que la salvación se puede llegar a perder.

Eso es lo que nuestros ojos han visto y ven; esa es la evidencia; esa es la realidad. Indudablemente, es así…pero sólo según nuestro entendimiento, conforme a nuestra desmesurada incapacidad.

Respecto a ese “hermano” que ha visiblemente apostatado, si le preguntáramos a Dios, seguramente Él nos traería a la mente el siguiente pasaje de la Escritura:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos… entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7: 21, 23)

Esto en cuanto a los que evidencian una apostasía, pero también los hay que no:

“Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 7 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lucas 13: 26, 27)

Son todos aquellos (y sólo el Señor sabe cuantos) que están en las iglesias de Cristo, y que a ojos nuestros son hermanos, pero no para Dios. Jamás fueron salvos.

Pongo estos ejemplos aquí para que podamos entender que en nosotros no está el saber todas las cosas, y que por tanto, nuestro posicionamiento en cuanto a saber si la salvación se pierde o no se pierde, nada tiene que ver con el posicionamiento de Dios, que es el que realmente cuenta. Otra vez: conoce el Señor a los que son suyos (2 Tim. 2: 19)

Ir a la iglesia no es sinónimo de ser salvo; pero ir a la iglesia es mandamiento según la Ley de Cristo para todos los salvos"

“Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 7 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lucas 13: 26, 27). Ir a la iglesia no es sinónimo de ser salvo; pero ir a la iglesia es mandamiento según la Ley de Cristo para todos los salvos (He. 10: 25)”

2. El salvo es el que verdaderamente ha nacido de nuevo

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…os es necesario nacer de nuevo (Juan 3: 3, 7)

La Biblia muy claramente nos dice que el que ha nacido de nuevo, verá el reino de Dios, y si uno ha nacido de nuevo, es porque previamente ha muerto a la vida antigua de pecado y muerte:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8: 1, 2)

El hombre antiguo está crucificado con Cristo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20)

No vale decir como enseñan algunos, que en el caso del nacido de nuevo, a veces el hombre viejo se “descuelga de la cruz”, y por un momento o dos vuelve a la antigua vida. Eso no es cierto:

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios(1 Juan 3: 9)

El que ha nacido de nuevo, como la misma expresión lo indica, ha pasado de muerte a vida.

Por tanto, insistimos en este punto que es crucial: no el que dice ser creyente. No el que dice ser cristiano. No el que dice haber tenido una experiencia con Dios. No el que ha tenido una experiencia con Dios. No, sino el que verdaderamente ha nacido de nuevo, este es el salvo a los ojos de Dios; es salvo conforme a Dios, y está por tanto sentado en los lugares celestiales junto con Cristo (Ef. 2: 6), conforme a la economía de Dios. Y Dios por Su Espíritu le revela que es salvo:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8: 16)

El que es salvo, lo sabe.

A. Veamos algunos casos

Ahora bien, muchos me dirán aquí respecto a que la salvación se puede perder:

“Un momento, yo he conocido a personas que un día se entregaron a Cristo, lloraron por sus pecados, dieron testimonio de Cristo y de su salvación, por meses o años estuvieron en la iglesia, etc. aunque luego, por diferentes motivos, se apartaron del todo y ahora viven en pecado y conforme al mundo”

Muy bien, pero la pregunta que yo les haría es:

“¿Cómo puede estar usted seguro de que realmente habían nacido de nuevo?”

Respuesta: “Usted no puede estarlo”

Primer caso

a) Muchos hacen confesión de recibir a Cristo – pero sólo es una confesión de labios para afuera:

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de Mí” (Mateo 15: 8)

b) Muchos lloran por sus pecados, pero sólo “lloran”, no se arrepienten y se apartan:

[Esaú] “fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (Hebreos 12: 17)

c) Muchos se encuentran cómodos en las iglesias, donde reciben amor, aceptación, cariño, etc.

“Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 7 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lucas 13: 26, 27)

Por lo tanto, toda su manifestación espiritual fue sin duda conforme a apariencia externa.

“Las lágrimas no siempre hablan de lo que hay en el corazón”

“Las lágrimas no siempre hablan de lo que hay en el corazón”

Segundo caso

Existe otro caso respecto al enunciado anterior. Son las personas que realmente gustaron el don de Dios. Es decir, realmente tuvieron una experiencia mística con Dios, pero no nacieron de nuevo. Veámoslo en la Escritura:

“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6: 4-6)

Claramente la Palabra aquí nos habla de esas personas. No dice que nacieron de nuevo, sino que tuvieron una experiencia con Dios, pero luego recayeron. Veámoslo con cierto detenimiento:

a) “…fueron iluminados…”: Es decir, habían recibido instrucción en la verdad bíblica por medio de su intelecto; pero “entender el Evangelio” no equivale necesariamente a “ser regenerado” (ver He. 10: 26, 32)

En Juan 1: 9 leemos; “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. Claramente vemos que a pesar de que Cristo, la Luz del mundo, alumbra a todo hombre, todo hombre no es de Cristo.

b) “…gustaron del don celestial…”: En el N.T. “gustar” significa experimentar algo de forma consciente. Escribe John McArthur:

“Cristo gustó la muerte (He. 2: 9) sólo por un momento, y no fue una experiencia continua ni permanente. Todos los hombres experimentan la bondad de Dios, pero esto no significa que todos sean salvos (cp. Mt. 5: 45; Hchs. 17: 25)”

Esas personas aludidas gustaron por un momento o por un tiempo del don celestial, lo que llamaríamos, tuvieron una experiencia mística con Dios, y nada más.

c) “…fueron hechos partícipes del Espíritu Santo…”: En el mismo sentido que “gustaron del don celestial”, estuvieron en el mover del Espíritu Santo (muchos incluso profetizaron, como Saúl, y echaron fuera demonios, etc.), pero eso no les convirtió en verdaderos creyentes, como no lo fue Saúl.

Yo conocí a un creyente que tenía el ministerio de echar fuera demonios de las personas, y lo hizo por años, ¡los mismos que vivió en práctica de adulterio!

No nacieron de nuevo, porque apostataron de la fe. Otra vez, conforme a Dios, si no fueron salvos al final, tampoco lo fueron al principio.

En ambos casos estudiados, ¿Fueron esas personas salvas, es decir, nacidas de nuevo? Obviamente, no.

“El que está sellado con el sello del Espíritu Santo "

“El que está sellado con el sello del Espíritu Santo (Ef. 1: 13), en la economía de Dios lo está desde el momento en que antes de la fundación del mundo Él determinó que así fuera”

3. Las pruebas de Dios son para revelar la realidad en la que vive el cristiano profesante

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Juan 2: 19)

¿Por qué salieron de nosotros? Porque no eran de nosotros. Las pruebas que Dios permite o envía, les hicieron sucumbir de su falsa profesión de fe.

¿Saben porque la Palabra dice que nuestro Dios es justo que prueba la mente y el corazón, (S. 7: 9)? Justamente para que discernamos quien es quien, quien es qué y quién soy yo, o usted, y todo ante Dios.

Veamos la siguiente porción de la Escritura:

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36 Como está escrito:

Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;

Somos contados como ovejas de matadero.

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”
(Romanos 8: 35-39)

La Biblia dice que el que ha nacido de nuevo es más que vencedor (Ro. 8: 37) ¿Saben por qué lo dice?, pues porque a través de las diferentes pruebas, venciéndolas (y sólo eso se puede hacer con y por la gracia de Dios), se muestra lo que uno es en Dios: una nueva criatura.

Al salvo, nada le apartará del amor de Cristo, ¡Nada!, pero del no salvo, cualquiera de esa cosas mencionadas en esa escritura le apartará – sea que siga en la iglesia o que salga de ella.

Por las pruebas se puede atisbar quién es realmente nacido de nuevo, de quien no lo es.

“Es por pasar por las dificultades propias de la vida, más las que Dios permite, que el creyente levanta sus manos a Dios, esperando sólo en Él”

“Es por pasar por las dificultades propias de la vida, más las que Dios permite, que el creyente levanta sus manos a Dios, esperando sólo en Él”

4. Conclusión

Como hemos visto y entendido, para Dios la salvación no se puede perder ya que Él lo ve todo desde la perspectiva eterna, no obstante, según el mero entendimiento humano, sí.

Dios es el único que puede ver en el corazón del hombre. Dios es el único que conoce íntimamente al hombre.

El “una vez salvo, siempre salvo”, desde la perspectiva de Dios es correcto, pero desde la perspectiva del hombre hacia el hombre, no.

Espero que este estudio haya podido aclarar algunas dudas, y haya aportado luz sobre esta cuestión.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.

Diciembre 2009

www.centrorey.org

Notas:

1. Juan Calvino (10 de julio de 1509 – 27 de mayo de 1564), bautizado con el nombre de Jean Cauvin, latinizado como Calvinus. A sus seguidores se les llama “Calvinistas”.

2. Jacob Harmenszoon, (en latín: Jacobus Arminius y castellano: Jacobo Arminio, (1560–1609) fue un teólogo holandés, escritor y profesor de la Universidad de Leiden. A sus seguidores se les llama “Arminianos”.

FIN